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Plaza de la Paz.
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Se han encontrado restos de
la cultura de las Motillas, en
la llamada Motilla de La Vega
cercanos a la actual población.
También se han encontrado
vestigios ibéricos en los
yacimientos de Falcón y de la
Virgen de la Vega.
El origen de Villarta se sitúa,
aunque en fecha no determinada,
en plena época prerromana. A
este periodo corresponde el
llamado “Puente Romano”
aunque su estructura fue
consolidada en época medieval.
De la época musulmana quedan
pocos datos, probablemente
debido, a que esta población
fue destruida o abandonada dada
su condición estratégica. En
cualquier caso, existen aún
topónimos que han perdurado a
lo largo del tiempo, como es el
caso de la Casa del Moro o de
otras casas y fincas de
indudable raíz árabe, como
Madara.
Tras la conquista de Toledo por
Alfonso VI, la lucha secular
entre musulmanes y cristianos se
traslada hacia la zona del
Guadiana, encomendando a la
Orden de San Juan la custodia de
los territorios de Consuegra,
donde se encontraría Villarta
de San Juan. Así, entre los
derechos de esta Orden figuraba
desde 1.173 el derecho de
portazgo de cualquier recua, que
pasando por Consuegra fueran
hacia tierras del Segura.
Estos derechos deberían
percibirse en el Portazgo de
Villarta, como lo confirma el
privilegio concedido por Alfonso
XI en 1.343 a la Orden de
Calatrava.
En las relaciones topográficas
de Felipe II, año 1.575, se
hace referencia a Villarta,
menciona el número de vecinos,
aproximadamen-te ochenta. A lo
largo de los siglos XVI y XVII
se consolidan la población y el
casco urbano antiguo, llegando a
constituirse un conjunto de unas
100 casas.
La Guerra de la Independencia
supone casi la destrucción
total de Villarta por parte de
las tropas francesas en el año
1.809.
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Puente Romano sobre el
Cigüela.
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En el siglo XX tiene lugar el
definitivo desarrollo de
Villarta, limitando su
expansión por el norte y el
oeste, para seguir la línea de
la carretera y a partir de ésta
hacia el este.
En la segunda mitad del siglo,
el gran escritor Azorín en su
libro “La Ruta de Don Quijote”,
dice: “... ya hemos atravesado
rápidamente el pueblecito de
Villarta. Es un pueblo blanco,
de un blanco intenso, de un
blanco mate, con las puertas
azules”.
En pocos años, a partir de los
cincuenta, el desarrollismo ha
transformado a Villarta,
homogenei-zando las
construcciones nuevas, perdiendo
ese carácter de típico pueblo
manchego. No obstante,
encontraremos un pueblo de casas
bajas con predominio de calles
rectas y anchas, donde la vida,
transcurre tranquila y
apaciblemente. |