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La
idea de desecar este zona
encuentra su justificación
en los años sesenta a
causa del paludismo que
por entonces hacía
estragos entre la población
animal, aunque la auténtica
y última razón era la
propiedad de la tierra.
Se desecaron más de 15.000 hectáreas en toda la
Mancha Húmeda.
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El equilibrio se rompió en la
década de los 60, en la que el Hombre
quiso poner en cultivo y desecar los
terrenos regados por el Guadiana y el
Gigüela. Para ello se abrieron
canales de drenaje y se rectificaron y
profundizaron los cauces de estos
ríos. Dichos hechos levantaron con
fuerza la opinión pública a favor de
la conservación del humedal,
produciéndose la paralización de las
obras de desecación y la declaración
de Parque Nacional en el año 1973
para salvarlas en último término. La
comunidad científica internacional
acogió de buen grado la medida
llevada a cabo, pues ya consideraba a
las Tablas como un enclave vital para
las aves acuáticas.
Este intento de desecación tuvo
consecuencias relevantes, pero la
afección más grave que amenaza la
supervivencia de las Tablas ha sido y
sigue siendo la excesiva
explotación del acuífero 23,
sobre todo para cultivos de regadío
que, no son tradicionales de la zona y
requieren mucha más agua que los de
secano.
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Un ejemplo de paisaje con cultivo de regadío |
Año tras año, se extraía para
regar mucha más agua que la que el
acuífero recargaba, mientras la
superficie regada en la llanura
manchega aumentaba cada vez más. La
capa freática empezó a disminuir
progresivamente, y llegaron las
consecuencias: los Ojos del Guadiana
se secaron en la década de los
ochenta, ya no manaba agua por ellos,
y desaparecieron las resurgencias de
aguas subterráneas en las Tablas de
Daimiel.
La supervivencia de las Tablas de
Daimiel pendía de un hilo muy fino, y
para salvar este singular paraje, tan
complejo y bello en su hidrología y
geología, y oasis de flora y fauna
palustre, el Estado elaboró un Plan
de Regeneración Hídrica por encargo
del Consejo de Ministros en 1984. Este
Plan comprendía, entre otras, medidas
a medio plazo, como la derivación de
caudales del Acueducto Tajo-Segura a
través del río Gigüela con destino
a las Tablas de Daimiel. Sin embargo,
no hay que olvidar la estrecha
relación entre esta tabla fluvial y
el Acuífero 23, por lo que la
solución a largo plazo pasa por un
Plan que promueva medidas de carácter
integral para solucionar el problema
en el futuro y no sólo establecer
medidas para corregir el daño
producido. La gestión del agua sobre
la superficie del acuífero 23 debe
ser integral, es decir, que reúna
esfuerzos de todos los entes públicos
y privados afectados por este problema
medioambiental, y que mire también
las demás variables económicas,
sociales y culturales del problema,
promoviendo un uso más racional de
los recursos hídricos del acuífero a
largo plazo . Actualmente se ha
elaborado un nuevo Plan de Regadíos,
que debe afrontar estos grandes retos
tan importantes para el equilibrio
ecológico del humedal y su
permanencia para las generaciones
venideras.
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