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Hace unos 335-270 millones de años, la placa continental Africana y la
Europea sufren un gran choque, retorciendo y levantando los materiales
sedimentados en los fondos oceánicos por encima de la superficie del mar y
rodeados por éste. Se originó así una gran cadena montañosa denominada por
los geólogos “Cordillera Hercínica”. Este orogenia, es decir,
formación de relieve, tuvo una gran intensidad en lo que hoy se denomina la
Meseta Española, pero también en la zona centro-europea.
En esta Meseta Española, ocurrió también que, desde el interior de la
Tierra, se introdujeron enormes masas de magma. Algunas masas de magma enfriaron
muy lentamente dando lugar a rocas como el granito, que formarían las “raíces
internas” de las montañas ya formadas; pero otras, debido al calor y a la
presión a la que sometían los sedimentos primarios ya elevados, los
transformaría en rocas metamórficas, como el gneis, las migmatitas, etc.
Como consecuencia de estos acontecimientos geológicos, hace 300 millones de
años, estaba ya formado el primitivo núcleo de la Península Ibérica, cuyo
relieve empieza ya por entonces a ser erosionado intensamente por los agentes
atmosféricos (agua, viento, hielo, etc.). También ocurre por aquella época
que estas montañas sufren un abombamiento en unos lugares, mientras en otros se
agrieta y se rompe en grandes bloques. Posteriormente, los terrenos elevados y
los hundidos van a tener una evolución geológica muy distinta:
- las zonas elevadas, bajo la continua acción erosiva, terminaron por
allanarse completamente. Precisamente, fue esta erosión lo que permitió que
afloraran a la superficie los granitos y las rocas metamórficas mencionadas
con anterioridad, que ya consolidadas, constituían el núcleo de la antigua
cordillera hercínica.
- en los bloques hercínicos hundidos, por el contrario, predominaron
los procesos de sedimentación, debido a los cuales los antiguos materiales
quedaron sepultados por enormes masas de sedimentos como consecuencia de la
acción erosiva que se daba en relieves superiores.
Estas masas de sedimentos tiene diversos orígenes y edades:
-Hace unos 215 millones de años, se acumularon una gran cantidad de
sedimentos de origen fluvial de intenso color rojo llamados conglomerados y
areniscas, que predominan en numerosas zonas del Sistema Ibérico. Poco
después, el mar ganó terreno a la antigua Península Ibérica y comenzaron a
depositarse unos sedimentos de origen marino denominados calizas tableadas. A
continuación el mar se retira, quedando un conjunto de lagunas y charcas en las
que se va a acumular una gran cantidad de arcillas muy plásticas y yesos, de
colores rojizos y verdosos.
-Posteriormente, entre hace 175 y 60 millones de años, se alternarán etapas
de entrada o avance de las aguas del mar, denominadas transgresiones, con otras
de retirada de las mismas, llamadas regresiones. Durante las transgresiones se
sedimentaban grandes cantidades de rocas calizas y margosas en ambientes de poca
profundidad, muy abundantes en el Sistema Ibérico, las Sierra de Altomira,
etc.; por el contrario, durante las regresiones, se sedimentaban areniscas y
conglomerados de claro origen continental, muy presentes en muchos parajes de
las montañas conquenses.
Sin embargo, a nuestra Península Ibérica, todavía le quedaban grandes
momentos por vivir. Si bien hace unos 200 mill de años se encontraba unida al
continente europeo, un poco más tarde (hace 140 millones de años) se separa de
él, constituyendo una placa independiente de la Europea, abriéndose a su vez
el Golfo de Vizcaya. La apertura de este Golfo obliga a nuestra Península a
hacer un movimiento de giro en sentido contrario a las agujas del reloj, que
tendrá una consecuencia: la península choca en su extremo noreste contra el
continente europeo y se levanta la Cordillera Pirenaica.
El continente Africano empezó, por otro lado, un movimiento hacia el Norte,
y esto unido al giro y choque de la Península Ibérica contra Europa, dio lugar
a lo que los geólogos denominan la Gran Orogenia Alpina (hace unos 40
millones de años), que dio lugar al nacimiento de los Alpes, la Cordillera
Bética, los Atlas en Marruecos, los Apeninos, los Cárpatos, etc.
El ámbito de la región de Castilla-La Mancha no fue una excepción,
y los grandes espesores de sedimentos integrados por rocas, unas muy plásticas
(arcillas, margas, yesos, etc.) y otras menos (areniscas, calizas conglomerados,
etc.), se deformaron por plegamiento debido a las grandes fuerzas de la Orogenia
Alpina. Se crearon así los relieves del Sistema Ibérico y los relieves de la
provincia de Albacete pertenecientes geológicamente a la Cadena Bética (Sierra
de Alcaraz, Sierra del Segura, etc.).
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Parte de estos Montes de Toledo pertenecen a los municipios de Villarrubia de los Ojos y Puerto Lápice. Fuente: Alto Guadiana Mancha |
El antiguo núcleo hercínico no se plegó, sino que se fracturó y dislocó,
al estar constituido por materiales más rígidos y duros, sobre todo granitos y
rocas metamórficas, pero también rocas sedimentarias muy endurecidas con el
paso del tiempo. Como consecuencia de esta fracturación, quedaron en posición
alzada un conjunto de bloques, configurándose los relieves que componen el
Sistema Central y los Montes de Toledo.
Parte de estos Montes de Toledo pertenecen a los municipios de Villarrubia de
los Ojos y Puerto Lápice.
Por el contrario, los bloques que
se hundieron a partir de fallas de gran longitud y desnivel, constituyeron las
cuencas sedimentarias de la región: Cuenca del Tajo, Cuenca Manchega,
Cuenca del Júcar y Cabriel y otras de menor entidad.
Ya tenemos, pues, formada nuestra cuenca sedimentaria Manchega, que como toda
cuenca, supone una depresión en el terreno. Además, estaba rodeada por
conjuntos montañosos, sobre los que comienza a actuar la erosión: los
materiales son arrancados, luego transportados por los torrentes y ríos que
bajaban de las montañas, para ser finalmente depositados en el fondo de la
cuenca. Así, hará unos 25 millones de años, la cuenca se va llenando poco a
poco de capas sedimentarias en sentido horizontal o casi horizontal, formadas
por cantos, gravas, conglomerados, areniscas, arcillas, etc.
Posteriormente, hace entre 6 y 3 millones de años, en la Meseta y bordes
montañosos, se produjo un último y suave coletazo de la Orogenia Alpina, que
sacudió los sedimentos dispuestos horizontalmente en las cuencas,
fracturándolos incluso en algunos territorios del Sistema Ibérico y Central.
Pero los agentes erosivos comenzaron con su eterno deber de allanar las
montañas y colmatar las cuencas sedimentarias, entre ellas la del Tajo.
Finalmente, dentro de este apartado dedicado al relieve y origen geológico
de la Llanura Manchega, cabe destacar uno de sus límites naturales, el Campo
de Calatrava. El Campo de Calatrava es más antiguo incluso que los
materiales hercínicos de los que hablábamos al principio, y está compuesto
por rocas de diversa naturaleza: procedentes de magma enfriado, es decir, rocas
ígneas como el granito -lo que le da un origen en parte volcánico-, rocas
metamórficas como el gneis o las migmatitas; y sedimentarias de desigual dureza
como las cuarcitas y las pizarras. Hay otras zonas castellano-manchegas que
comparten estas características con el Campo de Montiel, pero lo que le
confiere a éste su singularidad dentro de la región es el complejo
volcánico que se desarrolló en él en épocas más recientes, alrededor de
hace 3 millones de años. Así, en el Campo de Calatrava podemos encontrar
muchas huellas de actividad volcánica, como los numerosos asomos volcánicos
que constituyen roquedos localmente denominados “castillejos” o “negrizales”,
aparte de unos sesenta conos volcánicos de escaso tamaño, en uno de los
cuales, el primitivo cono de Fuentillejo, se encuentra ubicada la única laguna
en cono volcánico de la Península Ibérica.
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