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| Motilla del
Azuer (Daimiel) |
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| Castillo de
Pilas Bonas (Manzanares) |
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| Molino del
Rezuelo (Membrilla) |
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| Paseo
arbolado en Llanos |
Daimiel
fue poblado
desde tiempos remotos, así lo
atestigua uno de sus reclamos, la
motilla del Azuer, de la Edad de
Bronce. En el patrimonio urbano
destaca su arquitectura religiosa como
la Iglesia de Sta. María la Mayor de
estilo gótico ojival, la iglesia de
San Pedro Apóstol y la ermita de
Ntra. Sra. De la Paz. Y el patrimonio
civil como el Centro de
Interpretación del Agua y de os
Humedales Manchegos cuya visita es
recomendada para comprender el Parque
Nacional de Las Tablas de Daimiel. La
plaza de España, de trazado popular
manchego, tiene uno de sus extremos el
olivo milenario, convertido en una de
las señas de identidad del municipio.
Manzanares
es el epicentro de comunicaciones de
la llanura manchega. Su estratégica
situación es también responsable de
su floreciente industria. La historia
de la villa comienza a tejerse en el
siglo XIII con el Castillo de Pilas
Bonas, singular construcción
completamente restaurada que en la
actualidad acoge un establecimiento
hostelero. Las callejuelas que lo
rodean hasta llegar a la Plaza del
Ayuntamiento reúnen numerosas casas
señoriales con fachadas de gran
valor. Algunos ejemplos son la Casa
del Marqués de Salinas, la Casa del
Santo o la antigua Fábrica de
Harinas. También destacan la iglesia
de Ntra. Sra. De la Asunción, la
ermita de la Veracruz, con su cripta
museo, o la ermita de San Antón.
Membrilla,
lugar en el que Lope de Vega sitúa su
obra titulada “El Galán de La
Membrilla”. Destaca la ermita de la
Virgen del Espino, la iglesia
parroquial de Santiago El Mayor, cuya
existencia data del siglo XV. En las
afueras está el Parque Cultural “Los
molinos”, comienzo de la ruta de los
antiguos molinos de agua, en las
riberas del río Azuer, donde el
molino del Rezuelo, recientemente
recuperado, ofrece al turista una
visión de cómo se trabaja en estos
molinos de agua, conserva para el
visitante su maquinaria original.
Nos
trasladamos ahora hasta Llanos,
un pueblecito singular, incluso entre
los de su clase, ya que se trata de
uno de esos pueblos jóvenes nacidos
gracias al desaparecido Instituto de
Colonización. El diseño lineal u la
blancura de sus fachadas prestan una
uniformidad que poco tiene que ver con
sus moradores, provenientes de las
más diversas localidades y cargados
con el acervo cultural de sus
orígenes.